En el hotel:

Historia de una soledad. Sucedió el jueves, unas horas antes de la contrarreloj de Annecy. Contador bajó al vestíbulo del Palacio de Menthon, el lujoso hotel del Astana. El Tour seguía en juego. Miró a la derecha, a la izquierda. Nadie, nada. Ni auxiliares ni coches. Sudor frío. Mirada al reloj. Pero, ¿dónde están?

El hotel dista de la salida varios kilómetros. Y el líder del Tour, en chanclas, bolsa en mano y solo. Entonces entró al hall, buscó un respuesta y la halló: Armstrong había ordenado a los auxiliares ir a recoger a su mujer, sus hijos y sus amigos al aeropuerto. Contador bajo el último porque iba a ser el último en salir en la contrarreloj. Armstrong le había quitado el coche. Fue el colmo. Sudor caliente. El de la rabia. Llamó a su hermano Fran. Vino a buscarle y le llevó, en un vehículo privado, hasta Annecy. Salió el último y llegó el primero. Su mejor victoria. En la crono. En solitario. Como ha ganado su segundo Tour […]

La subida más difícil de Contador no tuvo imágenes. Otros la contaron. Se disputó en el hotel y en el autobús: durante una etapa, Armstrong sentó al fondo del bus a sus invitados, justo en el lugar que ocupa siempre el madrileño. Una más. Armstrong, a la suite. Contador, a dormir con Paulinho, su único fiel. Y así todo el Tour. Callado, escuchando: «No hay que ser un premio Nobel para saber que va a haber abanicos», ironizó Armstrong cuando Contador cayó en la trampa de La Camarga.

Demoledor el artículo que publican en El Comercio Digital, sobre la otra gran batalla que ha tenido que librar Contador para ganar el Tour de Francia: la de su propio equipo y “compañero” Armstrong.

Enhorabuena Contador.