Una de mis películas favoritas es La vida es bella. Probablemente porque encaje bien con mi forma de ser y entender nuestra existencia. Siempre pensé que es mejor ver el vaso medio lleno, enfrentarse a las adversidades, tomarse los problemas con sentido del humor y sobre todo comprender que al final todo se reduce a un juego y por eso lo mejor es divertirse mientras “jugamos”.

Por eso admiro a personas como Martha Rivera, la profesora de guardería que mantuvo a salvo a sus alumnos de cinco y seis años de edad durante un tiroteo entre bandas rivales del narcotráfico ocurrido la semana pasada en México. Y lo hizo como sólo hacen los valientes: jugando y viendo el vaso medio lleno. No hay más que ver el vídeo que encabeza estas líneas.

También admiro a ese grupo de 200 ancianos japoneses que se han ofrecido como voluntarios para limpiar Fukushima. Personas, que cuando ya no tienen mucho que ganar, son los primeros en ofrecerse a perder y aún así mantienen la esperanza; “Tengo 72 y en promedio tengo probablemente 13 a 15 años más de vida. Aun si me expongo a la radiación, el cáncer podría demorarse 20 a 30 años en desarrollarse. Por eso, nosotros los viejos tenemos menos posibilidades de tener cáncer”, explica Yamada, uno de los ancianos.

Realmente cuando uno encuentra este tipo de historias no le queda más remedio que pensar que la vida es bella gracias a personas como estas.