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Que un chaval de 25 años recién cumplidos haya ganado seis veces el torneo de tenis más prestigioso del mundo y sume ya diez victorias de grand slam es sencillamente épico.

No estamos ante un deportista cualquiera. Nadal ha ganado por méritos propios ser el mejor deportista español de todos los tiempos y lo ha hecho como los grandes: sufriendo, trabajando, luchando y compitiendo con mucha humildad y responsabilidad. Por eso, cuando ayer hincó sus rodillas en la arcilla de París, muchos sentimos que estábamos ante un Dios del tenis que dejará su huella marcada durante mucho tiempo.