Según datos de la Organización Mundial de la Salud, alrededor de un millón de personas se suicidan anualmente en todo el mundo, lo que supone una muerte cada cuarenta segundos. En nuestro país representa la primera causa de fallecimiento por causas no naturales y en otras naciones como Japón ha llegado a alcanzar tasas preocupantes.

Resulta muy difícil entender las razones por las que una persona puede tomar esta trágica decisión, pero se trata de un fenómeno que se produce desde tiempos inmemorables. La historia y las estadísticas también nos recuerdan algunos de los lugares predilectos por los suicidas para acabar con su vida: puentes, rascacielos o saltos naturales de agua que comparten alturas de vértigo y que enfrentan al individuo con el vacío.

Las cataratas del Niágara, en la frontera entre los Estados Unidos y Canadá, constituyen uno de estos puntos negros con una media de 20 a 25 suicidios al año. Hace tan solo un par de semanas murio allí una mujer y la noticia no habría tenido más repercusión que una pequeña reseña en los medios locales, si no hubiera sido porque un turista gravó con su vídeocámara el escalofriante momento en el que su cuerpo -misteriosamente desnudo- era arrastrado por la fuerte corriente del río, hasta precipitarse por las cataratas.

El vídeo (que puede herir sensibilidades), fue colgado en la red y empezó a difundirse rápidamente.

Vía | Meridianos