Tener uno de los cielos menos contaminados del mundo y poder filmar a más de 3.000 metros de altura en una isla que se comporta como una pequeña península ibérica, es lo que tiene.

Si a eso, le sumas además una buena cámara, una banda sonora épica y sobre todo, la creatividad y talento de Luis Caldevilla, el resultado es sencillamente espectacular.

Vía | Xatakafoto