Raúl Ordóñez

Cultura digital, running y reflexiones personales con acento andaluz

Comenzando a correr: mis primeras sensaciones

running

No recuerdo la fecha exacta en la que comencé a correr con regularidad. Quizá fuese hace un mes, un mes y medio o incluso dos meses.

La cuestión es que desde entonces, y con rigurosa puntualidad, siento la necesidad imperiosa de ponerme las zapatillas y salir a correr. No importa el tiempo que haga, la ruta o el destino, tan solo tener la sensación de que mis piernas y mi corazón se activan y pueden llevarme cada día un poco más lejos.

Anteriormente salía a correr cuando podía y de forma puntual. No me sentía bien, lo reconozco. Acababa ahogado y extasiado como un perro viejo; rojo como un tomate. Me dolían todas las articulaciones y no paraba de preguntarme qué necesidad tenía yo de hacer eso; “correr es de cobardes”, pensaba…

Comencé a sustituir estas angustiosas carreras por largas caminatas de aproximadamente una hora a paso rápido. Me iba mucho mejor. Paralelamente, hace unos siete u ocho meses el médico me aconsejó también comenzar una dieta para disminuir mis niveles de colesterol, que por aquel entonces superaban los recomendados. La enfermera me pesó y me dijo “estás gordo” -no se me olvidará en la vida- y me dio un papel lleno de alimentos prohibidos para mi ambicioso paladar.

Así fue como poco a poco, y sobre todo con la ayuda de Wendy, comencé a perder peso. Creo que esa fue la clave para animarme de nuevo a correr. A medida que iba perdiendo kilos sentía que mi cuerpo se podía mover un poco más rápido y empecé a combinar esos largos paseos con sesiones de trote, primero, y de footing más suave después.

Pensándolo bien tiene toda la lógica del mundo: había perdido 7 kilos. Imaginad que vais al supermercado y tenéis que traer en las manos 7 kilos de carne. ¿llegaríais a casa reventados verdad? Pues corriendo no os quiero ni contar cómo se nota.

Al mismo tiempo me ocurre algo curioso y es que al correr de forma regular mi propio cuerpo me pide alimentos más ligeros, sanos y equilibrados: fruta, verduras, pescados. Quizá sea porque sabe que si me meto un chuletón de 600 gramos y un pedazo de postre, después cuando corra voy a tener una mala digestión y lo voy a pasar mal durante la carrera.

Es decir, empiezo a entender que no hay que correr para adelgazar, sino adelgazar para correr, y que en la medida que siga perdiendo peso, correré más y mejor.

Hasta aquí, mis primeras sensaciones sobre esta nueva aventura que estoy empezando a vivir con el running. En próximos posts os contaré más cosas como la evolución que estoy teniendo, los lugares por donde corro, los tiempos que hago, mis próximos objetivos o el material que uso. ¡Salud!

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