Sin llegar al nivel de aerotrastorno que tienen algunos, confieso que el mundo de los aviones siempre me ha apasionado.

Ya sea en vuelos civiles o militares, por motivos familiares o profesionales, lo cierto es que debo realizar algunos viajes entre alas a lo largo del año.

En el caso de hacerlo solo, el hecho de estar sentado junto a la ventanilla de un avión supone una experiencia vital que encierra todo un cúmulo de pensamientos y sensaciones más allá del simple desplazamiento en la dimensión espacio-tiempo; piensas, por ejemplo, lo que dejas… y lo que te encontrarás; lo pequeño y grande que es a la vez este mundo; los problemas que tienes y cómo los solucionarás… o los próximos retos y objetivos que te regalará la vida.

Y todo ello desde las alturas, desde 29.000 pies como mínimo, con nubes, mares, montañas y las alas de un avión como atrezo de tanta idea.

Precisamente por esta razón, para guardar una memoria fotográfica de esos momentos y lo que significan, se me ocurrió que podía empezar a publicarlos en mi cuenta de Instagram bajo el hashtag #alavionismo.

La primera foto con este hashtag la publiqué allá por abril del año pasado. Es la que veis sobre estas líneas, correspondiente a un vuelo entre Coruña y Barcelona con los Pirineos como telón de fondo.

Desde entonces, han caído unas cuantas, pero lo que más me ha llamado la atención es que, de repente, otros amigos digitales como Wicho o Victoriano Izquierdo comenzaron a compartir sus propias creaciones alavionísticas, ayudando a viralizar poco a poco el hashtag entre otros muchos usuarios que se sumaron a la causa.

Así hasta conseguir entre todos que a día de hoy, un año y cuatro meses después de aquella primera fotografía, se hayan publicado nada más ni menos que 324 en Instagram. 324 instantáneas con paisajes y escenarios espectaculares a lo largo y ancho de todo el planeta, pero que sobre todo esconden pequeños grandes momentos para sus creadores.