El bulo existe desde que el ser humano habita la Tierra. Es común a todas las lenguas y culturas y, aunque nos lo propusiésemos, sería prácticamente imposible erradicarlo.

Pero es que además, con la llegada de Internet, el medio más inmediato y global de cuantos hay, este intento de hacer creer a un grupo de personas que algo falso es real, no solo encuentra un caldo de cultivo perfecto para viralizarse en las redes sociales, sino peor aún, que comienza a ser todo un negocio para algunos medios digitales.

Porque suena triste decirlo, pero las noticias más vistas de las grandes webs informativas no suelen ser las más relevantes, sino las más estrambóticas. Y ya puede estar ocurriendo un terremoto en Pakistán con cientos de muertos, que al final el artículo más visto del día será el de un pastor devorado por cocodrilos. Es el negocio del bulo.

No solo eso, existe también un componente psicológico en la mentira digital que fomenta su existencia. Porque a día de hoy, no lo neguemos, a todos nos produce gustirrinín compartir en nuestros muros de Facebook, Twitter o WhatsApp todo tipo de noticias curiosas, misteriosas, alarmistas o lacrimógenas… Al final todas tienen un denominador común: son de clic fácil, no tardan en ser viralizadas pero resultan ser falsas. Aunque eso, la mayor parte de quienes contribuyen a que la bola de nieve se haga más y más grande ni lo sabe, ni le importa.

El problema es que las consecuencias de la difusión de un bulo son difícilmente predecibles y pueden quedar en una simple broma o leyenda urbana o pasar a escalas mayores generando alarma social, problemas legales… y mejor no sigo.

Por tanto, una vez asumido que nos ha tocado vivir en la era del bulo, me parece importante contribuir a explicar cómo y por qué se producen estas noticias falsas, y sobre todo, qué podemos hacer para identificarlas. Para ello usaré un ejemplo cercano y reciente:

Este fin de semana me comentaba un familiar que había leído en Facebook una noticia que decía que se estaban pagando hasta 20.000 euros por las pesetas antiguas que teníamos en casa y nos invitaba a urgar en nuestros cajones por si éramos ricos sin saberlo… y es cierto que la información, desde luego, invitaba a hacer inventario de moneditas para sacar un buen pellizco.

Al llegar a casa y realizar un simple rastreo en redes como Twitter o Facebook pude comprobar que efectivamente numerosos usuarios se hacían eco del “jugoso descubrimiento” (esto es solo una pequeña muestra):


Pero lo peor llega al realizar una búsqueda en Google tan simple como: “pesetas 20.000 euros

Encontramos en los primeros resultados a reputados medios digitales como El Mundo, ABC, Antena 3, La Sexta, el Huffington Post… y no sigo contando, que no solo se hacen eco de la noticia sino que la convierten en uno de sus contenidos estrella en sus canales sociales obteniendo miles de interacciones:

El bulo está servido. Media España vaciando cajones, contando monedas y colapsando las casas de nunismática. Pero la decepción no tarde en llegar

Obviamente se trata de webs bien posicionadas pero basta con bucear un poco más entre los resultados para encontrar diferentes artículos que denuncian la falsedad de la noticia.

El prestigioso numismático Adolfo Ruiz Calleja lo explica perfectamente en su blog:

Es alucinante el lío que se ha montado estos días. Estaba todo tan tranquilo cuando de repente alguien a quien no tengo el gusto de conocer pero que no tiene ni la más mínima idea de numismática escribe un artículo: “Si tienes una de estas monedas de peseta puedes venderla por 20.000 euros”

Lo que hizo el autor fue coger los precios de los catálogos (seguramente el de los Hermanos Guerra) de unas cuantas monedas caras de Juan Carlos I y de Franco para dar la voz de alarma. En el plan de “oye, que eso que tienes en casa puede valer un pastizal”.

[…]

Lo que es más grave es que otros medios de comunicación se han hecho eco de la “noticia”. Claro está que si el medio en el que confías dice que las pesetas de Franco pueden valer 1.400 euros, y a ti te hace falta el dinero, pues inmediatamente vas a ver si esas monedillas de pesetas que tienes por casa, agarrándote a ellas como clavo ardiendo.

Para concluir:

Las monedas de tus abuelos pueden ser un bonito recuerdo familiar y pueden servir para enseñar la historia reciente de España a los niños. Nada más. No tienen ningún valor económico.

¿Cómo se produce el bulo?

La mayor parte de las veces, el origen suele estar en webs satíricas o de humor. En España tenemos algunas muy conocidas como El Mundo Today o Rokambol, en las que se publican todo tipo de artículos a priori tan desternillantes como inofensivos. Estas webs, suelen tener la apariencia de portal informativo pero no hay más que leer algunos de sus contenidos para identificar rápidamente el carácter divertido y de parodia que contiene la información.

Pero esto no basta. Algún periodista o blogger con poca vista, poco interés y, en definitiva poca profesionalidad, encuentra el artículo… y por motivos interesados o desinteresados, decide que esa información es real y le da un tratamiento periodístico buscando un titular impactante. A partir de ahí, otros encuentran esa noticia, no se preocupan por contrastar fuentes, adornan aún más el titular, y el anzuelo recoge miles y miles de peces. Es la magia del clickbait de lo cual también podríamos hablar largo y tendido.

En otras ocasiones el origen de una noticia falsa puede estar simplemente en una desafortunada interferencia en el proceso de comunicación. ¿Conocéis el jueguecito del boca-oreja en el que una cadena de personas se va diciendo algo al oído y al final lo que decía la primera es completamente distinto a lo que dice la última? Pues algo así ocurre también a menudo en Internet con ciertas noticias que no han sido firmemente contrastadas desde el inicio.

Y ahora sí, llegados a este punto…

3 reglas de oro para saber si una noticia es falsa

Regla número 1: Si tu primer pensamiento al conocer una noticia es “esto no puede ser cierto“, probablemente es que no lo sea. Haz caso a tu intuición y antes de reenviarla, o compartirla por correo o en tu muro de Facebook o Twitter, hazle un gran favor a la humanidad: mantén la calma, sé escéptico/a y desconfía.

Regla número 2: Para tu tranquilidad (y la de tus cercanos) busca en Google las palabras clave de la información de la que sospechas, esa que te han pasado en un WhatsApp, has visto en la tele, o ha compartido alguno de tus contactos en Facebook y añádele las palabras “bulo“, “hoax” o “fake. En el ejemplo que ilustra este artículo, yo busqué: 20.000 euros pesetas bulo. Te sorprenderán los resultados y no tardarás en confirmar la falsedad de la información que te han pasado. Aquí lo ideal, sería que además avisaras a las personas o contactos que te enviaron la noticia de que, en realidad, se trata de una falsa.

Regla número 3: Aunque no es lo normal, pero puede ocurrir que tras aplicar las reglas número 1 y número 2 sigas sin tener muy claro si la información es veraz o no. Lo ideal aquí es afinar la búsqueda en Google, tratando de localizar la información en webs especializadas y relacionadas con la temática. También deberías tener en cuenta algunos síntomas comunes a todas las noticias falsas y que explica muy bien @Kurioso en este artículo en Mémesis: a) Todos los medios que reproducen la noticia apuntan a la misma fuente; b) En la fuente original no hay ni rastro de la noticia; c) A pesar de que estamos en la era de los móviles y las cámaras, no hay ninguna foto de los hechos y d) El protagonista no tiene una huella digital.

Así que ya sabes, la próxima vez que recibas una información de este tipo piénsatelo dos veces antes de reenviar o compartir, y aplica estas reglas. Solo así conseguiremos un mundo mejor. ¡Gracias por leer!