Esta semana se cumplen trece años desde que este andaluz de Jaén vive en Galicia. Casi una década y media en la que poco a poco he ido mimetizándome con la cultura, la naturaleza, la historia y la forma de vida que se puede encontrar en esta maravillosa tierra.

Digamos que ya me puedo considerar un auténtico andalaico galleguz y en este artículo me gustaría compartir algunas de las cosas que he aprendido durante todo este tiempo:

1. Para tener el suelo verde es necesario que el cielo esté gris a veces. Eso es así. Es el precio que hay que pagar para vivir en un auténtico paraíso natural. La lluvia forma parte del ADN gallego y a diferencia del resto de España, aquí cuando llueve la vida no se paraliza sino que sigue fluyendo porque ese agua que cae del cielo es tan justa como necesaria.

2. La comida y las sobremesas son sagradas. Cualquier acontecimiento sirve de excusa para reunirse en torno a una mesa y organizar una buena comida… algo que por otra parte, y una vez conocida la excelente calidad del género que abunda en estos lares, no resulta inconveniente ninguno para los asistentes. El calendario no se organiza por meses, sino por comidas.

3. El humor gallego es delicioso. Casi desde el primer momento detecté que los andaluces y los gallegos teníamos buen feeling, más allá de lo que un buen aceite y un buen pulpo pudieran unir. La causa reside en la sonrisa. En el sur, la llevamos de serie: guasa directa, permanente, al grano y sin contemplaciones; aquí en el norte, más puntual, con rodeos, con sube y baja, con acidez y sátira, vamos… lo que viene siendo retranca, pero en ambos casos con el mismo objetivo final: afrontar la vida con humor, que es como se debe afrontar.

4. Los gallegos son generosos con el idioma. Por ejemplo es normal que si un gallego comienza a hablar en gallego con otra persona que no conoce pero detecta por su acento que no es de aquí, inmediatamente cambia el chip y le habla en castellano sin ningún problema. Vamos, que no existe para nada tozudez con la lengua.

5. Los veranos molan. Aquí los veranos se disfrutan probablemente más que en ninguna otra parte del mundo. Primero porque tras las tinieblas del invierno llega un tiempo realmente bueno, que se traduce en calorcito -muy agradable y soportable- por el día, que invita a ir a la playa, al río o la piscina y fresquete por la noche para dormir tapadito. Segundo, porque se alargan las horas de luz hasta el punto de que en meses de verano a las 10 de la noche sigue siendo de día y eso es un win en toda regla.

6. Las fiestas también molan. Confieso que a un andaluz como yo, que tiene un concepto de feria muy definido (con sus casetas, sus cacharricos y sus cervecitas….), le costó acostumbrarse y entender cómo se viven las fiestas aquí. Pero una vez que lo hice, descubrí un universo paralelo al del despiporre andaluz. No olvides esta combinación: Vermú, orquesta, baile y amigos en el campo da festa. No necesitas más para ser feliz.

7. Se muere mucha gente y se vuelve a morir las veces que haga falta. Que todos los días en la radio, en la tele o en los periódicos haya secciones especialmente dedicadas a las personas que han fallecido o que lo hicieron hace unos años, ya es un indicativo de que aquí la muerte tiene un sentido especial. La primera vez que me dijeron que había que ir a un aniversario pensé que se trataba de un cumpleaños… Era un aniversario de una muerte.

8. Las bodas en Galicia son como las playas del caribe. Las más apetecibles del mundo. Un menú de boda gallego se puede leer por fascículos y acabas tocando las castañuelas con el marisco… y claro, el personal se viene arriba. Solo diré que los días más felices de mi vida los he vivido en bodas gallegas.

9. Decidir no es una opción. Creo que esta foto que tomé en uno de mis periplos por la provincia de Lugo ilustra gráficamente aquello de que si te cruzas con un gallego en una escalera no sabes si sube o si baja… Y es verdad, no es que un gallego no sea capaz de decidir, es que prefiere que lo hagan otros por él.

10. La vergüenza del gallego. También existe y es una reminiscencia del punto anterior… ¡siempre es difícil pillar a un gallego! Pero lo bueno es que siempre habrá un andaluz como yo para acabar con ese último trozo :)_

¡Gracias Galicia por haberme dado tanto!