Burgos prometía y Burgos no defraudó.

Resulta difícil expresar en unas cuantas líneas lo vivido este fin de semana en la ciudad del Cid, donde deporte, amistad y diversión se han aliado para regalarnos una experiencia inolvidable.

La jornada previa

La aventura comenzaba hacia las dos de la tarde del sábado, cuando desde diferentes puntos de España, los miembros del equipo #correresdevalientes de Campofrío – Pollorico, desembarcábamos en esta villa maravillosa bajo un sol espléndido y una temperatura de 24 grados.

Tras degustar las reglamentarias morcillas junto a otras viandas propias del lugar en la mítica Calle San Lorenzo y dar un paseo por la zona vieja, nuestra agenda marcaba una primera cita ante la majestuosa catedral para grabar con nuestro capitán Miguel Ángel Muñoz.

Y creo que no me equivoco si digo que en el fondo todos estábamos algo nerviosos por saber cómo sería el trato con él en esta primera quedada antes del viaje al maratón de Nueva York.

Nuestra incógnita no tardó en despejarse; un tío la mar de cercano, humilde y divertido. Tan buena persona como se muestra en televisión y que en un periquete se ganó nuestra simpatía y cariño.

Después de grabar las diferentes piezas con la agencia y el equipo de producción (a cuyos miembros también damos las gracias y felicitamos por su trabajo), nos desplazamos de ubicación hasta el hotel donde para terminar estaba previsto recoger algunas escenas de los momentos previos…

La tarde pasó volando y al caer la noche fuimos hasta un acogedor restaurante, en el que nuestro compi burgalés, Roberto Gracia, había reservado mesa para hacer eso que los runners llamamos carga de hidratos: es decir, hincharnos de pasta y pizza básicamentemientras comentábamos las jugadas del día en un ambiente de buen rollo absoluto.

Y con la panza llena nos fuimos a descansar no sin antes inmortalizarnos delante de la imponente señora de la noche burgalesa.

El día de la prueba

El despertador sonaba a las 6.45 y los perezosos nos retozábamos en la alcoba los valientes brincábamos de la cama para bajar a desayunar. Nuestra cara era una mezcla de sueño, ilusión y nervios precarrera. ¡Había llegado uno de los días que llevábamos tiempo esperando y preparando!

Ya en el taxi camino del Coliseum, lugar en el que estaba la zona de salida de la prueba, bromeábamos con el fresquito que parecía correr a esas horas por la ciudad… Pero la risa nos entró de verdad al comprobar en nuestras propias carnes los 5 grados que marcaba el mercurio ¡Qué frío hace en Burgos!

Una vez reunidos todos los compañeros con Miguel Ángel y el equipo de rodaje, llegó el momento de activar motores realizando unos ejercicios de calentamiento entre broma y broma.

El momento de la verdad

En esta segunda edición, el Maratón y Medio Maratón de Burgos que patrocina Campofrío ha reunido a más de 1.200 corredores consolidando un importante crecimiento respecto a las cifras del año pasado y haciéndose un hueco en el calendario nacional.

El circuito, prácticamente llano discurre por toda la ribera del río Arlanzón pasando por lugares tan emblemáticos como el Museo de la Evolución Humana, la Plaza Mayor, la estatua del Cid o la majestuosa Catedral. En el caso de la maratón, hay que dar dos vueltas al mismo.

La salida de ambas pruebas estaba prevista a las 9 de la mañana…  Diez minutos antes el speaker invitó a todos los participantes a que nos fuéramos colocando en línea de salida… y allí que nos fuimos el equipo de Valientes:

Nuestra guía e inspiración, Tamara Sanfabio; la voz de la experiencia, Manolo Torralbo; nuestro anfitrión burgales, Roberto Gracia; el incombustible cántabro, José Antonio Soto; nuestra médica más solidaria, Jimena del Castillo, la risueña -y ahora también bautizada como ‘lady selfie’- Leticia Álvarez; nuestro Ironman madrileño, Alberto Soler; la runner que siempre se supera, Laura Puerto; nuestro ínclito capitán, Miguel Ángel Muñoz; y este humilde servidor de Jaén, Raúl Ordóñez.

Todos entonamos el grito de guerra: #VamosValientes y quisimos dedicar este día a una persona muy especial que no ha podido asistir porque tiene una carrera más importante, la más importante de todas y que estamos seguros que va a ganar. Ánimo Antonio Godoy, Burgos y Nueva York van por ti.

3, 2, 1… arranca la carrera

Se daba el pistoletazo de salida en un ambiente festivo y lo que a partir de ahora contaré son las sensaciones y vivencias, que en mi caso particular, tuve durante la carrera.

Lo cierto es que, aunque las dos semanas anteriores había tenido un pequeño susto en el peroneo y unas cuantas visitas al fisio, llegaba a Burgos con buenas sensaciones y ganas de hacerlo bien. Mi objetivo era disfrutar de la carrera  y conseguir una marca por debajo de la hora y cuarenta minutos, intentando ir de menos a más.

Aunque en el grupo salimos prácticamente todos juntos, no tardamos en disgregarnos para que cada uno pillase su velocidad de crucero. Cuando apenas llevábamos medio kilómetro sentí la presencia de Miguel Ángel y ambos no tardamos en confirmar que nos sentíamos cómodos en ese ritmo y que sería buena idea asociarnos en los kilómetros que nos quedaban por delante.

Pasábamos la “media media” en poco más de 46 minutos. El método #picoypala estaba dando sus frutos…

Y así fueron pasando los kilómetros…, entre comentarios y risas, y con el calor y ánimos del público que se acercaba hasta la carrera. No tenía ni un dolor, las piernas y el corazón respondían y encima iba corriendo con un tío al que admiro muchísimo y que quería que le ayudase a conseguir su mejor marca personal. Estaba pletórico. ¡Que más podía pedir!

La fisonomía del circuito permitía además ver y animar al resto de compañeros cuando girábamos de sentido. Todo iba sobre ruedas… todo, salvo algunos problemas digestivos que empezaba a tener Miguel Ángel y que le hicieron que… ¡mejor que os lo cuente él!

Así que en un momento de la carrera, tanto otro par de corredores que íbamos en el mismo grupo como yo, lo perdimos de vista sin enterarnos. Al principio pensé que le había pasado algo y aminoramos el ritmo mirando hacia atrás y buscándolo con la mirada para tratar de esperarlo; después entendimos que era una parada técnica obligada… y que nos tocaría seguir sin él.

Sería aproximadamente el kilómetro 13 cuando me quedé solo junto a uno de estos dos nuevos compañeros. Hablando con él me enteré de que era Fernando Cantón de la Serna, un conocido ultrafondista burgalés especializado en 100 kilómetros y al que agradezco que tirase de mi hasta el kilómetro 16, un tramo más pesado porque era periurbano y porque el recorrido se ponía un poco cuesta arriba.

Para mi era importante llegar bien al kilómetro 17 porque normalmente en las últimas medias que he corrido, este es el momento en el que, si voy bien, me gusta incrementar la velocidad para acabar fuerte.

Y así fue, pasado el avituallamiento y tras meterme entre pecho y espalda mi clásico gel del Decathlon, decidí aumentar el ritmo hasta ponerme en 4.30 aproximadamente. Fernando, que es un tío más de ritmo fijo me dio la bendición y me animó a que tirase para delante…

Tocaba además pasar por la parte más chula del recorrido: la zona vieja de la ciudad, catedral, estatua del Cid… ¡qué bonito es Burgos! ¡ya casi lo tenía!

Y por fin enfilaba la laaaarga recta de meta, ya bastante justo de fuerzas, pero contento por llegar entero y en un tiempo final neto de 1.38:52, a poco más de 30 segundos de mi mejor marca personal que conseguí hace unos meses en la Vig-Bay.

Os dejo el track de la carrera en Strava, así como el vídeo de la llegada.

Al pasar el arco me encontré con Tamara y José Antonio y nueva alegría al conocer que ambos habían cumplido sus objetivos. Tamara, ni más ni menos, que segunda clasificada de la general con un espléndido crono de 1:23:40 y José Antonio clavando la hora y veintiséis minutos que durante el desayuno había vaticinado. ¡Vaya dos cracks!

No tardaron en ir llegando el resto de compañeros incluido Miguel Ángel, que a pesar de la parada, lograba el objetivo de marca personal que buscaba. ¡No podíamos estar más contentos!

Y así, con las endorfinas por las nubes y con todo el equipo al completo en meta, pasamos un rato la mar de agradable comentando la repetición de las mejores jugadas y satisfechos por haber acabado.

Incluso Roberto y Manolo que venían arrastrando lesiones hicieron un carrerón. Había que celebrarlo y dedicárselo una vez más a nuestro compañero Antonio.

Hasta aquí la crónica de un fin de semana que no olvidaremos nunca y en el que he vuelto a confirmar que este grupo de valientes son grandes corredores, pero por encima de eso, grandes personas.

Como siempre he dicho en este camino de preparación hacia New York , el único mandamiento para preparar una carrera como esta debe ser: SONREIR, aprovechar cada segundo, disfrutar con cada kilómetro, con cada entreno, con cada persona que conoces en el camino... porque aunque la guinda son esos 42.195 metros finales, nada tendría sentido si no es con esa experiencia previa.

Gracias una vez más a Campofrío por ofrecernos esta oportunidad y enhorabuena también a los promotores del Maratón y Media Maratón de Burgos por la excelente organización y cariñoso trato que nos dispensaron.

Para terminar, os dejo con el vídeo resumen que se ha publicado en la web de #correresdevalientes. Próxima parada, New York: