En este artículo recojo algunos de los datos, notas y consideraciones que utilicé para preparar la charla titulada “Amigo blog, contigo empezó todo” que tuvo lugar el pasado 31 de enero en el marco del evento #CoruñaBloggers. Si estás interesado, puedes ver la repetición de las mejores jugadas en el siguiente vídeo:

Lo cierto es que, después de tantos años formando y asesorando a todo tipo de empresas y organizaciones en materia de redes sociales, me apetecía mucho hablar de algo de lo que apenas ya se habla y que sin embargo tiene una importancia clave en nuestra vida digital. Me refiero, por supuesto, a los blogs.

No quería por tanto orientar mi intervención desde el punto de vista del marketing digital, sino ir mucho más allá, buscando un triple objetivo:

  1. Explicar por qué los blogs son el germen de la web social.
  2. Explicar por qué son un formato ganador que sigue muy vigente hoy en día.
  3. Explicar cuáles son sus principales valores que debemos preservar en la web que nos queda por vivir.

Germen de la web social

La primera parte implica hacer un trabajo de arqueología (y nostalgia) digital para desempolvar algunos de los principales hitos y personajes que han marcado la historia de las bitácoras, entre ellos Justin Hall (1994) -la primera persona con blog-, Jorn Barger (1997) -creador del término weblog- o Evan Williams y Meg Hourihan (1999), fundadores de la empresa Pyra Labs y creadores del sistema de gestión de contenidos “Blogger” (más tarde adquirido por Google) que acabaría revolucionando todo… ¿Pero por qué los blogs?

A finales de los noventa el panorama digital era muy diferente a lo que conocemos hoy en día. La mayoría de webs que existían en Internet compartían una serie de elementos comunes:

  • Pocos productores de contenido.
  • Páginas estáticas y poco actualizadas.
  • Sólo hipertexto.
  • Sitios direccionales y no colaborativos.
  • Pasividad. Interacción mínima.
  • Conocimientos técnicos para desarrollar una web.

Esto hacía que la sensación que un usuario tenía cuando visitaba una página web no distara mucho de la que tiene hoy en día cuando lee un periódico, escucha la radio o ve la televisión: es decir, no podía hacer nada a cambio. Pero los blogs revolucionarían ese ecosistema de información vigente hasta el momento y conocido bajo el nombre de web 1.0. Y lo harían gracias a tres elementos fundamentales en su ADN que los convertirían en el germen de la actual web social:

  • Su facilidad de uso y creación a través de plataformas como Blogger, Movable Type, WordPress… universales y accesibles a cualquiera.
  • La Conversación (en mayúsculas) y comunidad que se genera a través de los comentarios.
  • La distribución y consumo masivo de contenidos a través de la sindicación.

Un formato ganador

Gracias a esos elementos los blogs no solo experimentaron un crecimiento exponencial en todo el mundo durante años, sino que su estructura y modelo de funcionamiento es adoptado y mimetizado por muchas de las plataformas y redes sociales que vinieron después.

Para explicar esto no hay más que echar un ojo a la siguiente imagen en la que observamos el formato típico de una bitácora: cabecera con una imagen y un menú o secciones principales; una o varias barras laterales en las que se pueden incorporar diferentes módulos o funcionalidades; un cuerpo central en el que aparecen los contenidos de texto, imagen, vídeo o audio por orden cronológico inverso y que también pueden ser comentados o compartidos; y por último un pie de página y un botón de suscripción a los contenidos (feed).

Ahora pensemos en la estructura y funcionamiento de cualquier red social como Facebook, Twitter o Instagram. ¿No os suena de algo?

Fotolog, por ejemplo, fue uno de los grandes referentes de la web durante los primeros años de este siglo. Una herramienta que le permitía a cualquier persona compartir de forma rápida y muy visual sus fotografías y seguir a otra serie de fotologueros… De nuevo debo decir ¿os suena? Efectivamente, Instagram no ha inventado nada nuevo. El servicio ya existía. Lo único nuevo que ha hecho Instagram ha sido llevar el servicio a la tecnología (móvil).

Los valores de la cultura blogger debemos preservar

Para finalizar, quise reflexionar con todos los asistentes, acerca de una serie de valores de la cultura y ética blogger que considero de vital importancia de cara al fomento de este medio de cultura libre y universal que se llama Internet.

El valor de un enlace

Hasta hace relativamente poco y gracias a los blogs, el hipervínculo era la moneda fundamental de cambio. Gracias a los enlaces los autores de una web podían dar visibilidad, reconocimiento y relevancia al contenido de otras. Cuando las personas consumíamos información en Internet, buscábamos el enlace porque allí se encontraba el valor añadido del contenido.

Ahora el enlace se ha devaluado. Casi todas las redes sociales tratan un enlace como un mero objeto en lugar de algo que lo enriquece. Los enlaces pierden su poder de clic y quedan continuamente expuestos a un juicio público de corazones y me gustas que la mayoría de las veces termina ahí. La generosidad promovida por los enlaces en sus inicios se pierde. Da la sensación de que a las redes sociales no les gusta un enlace que te lleva más allá de sus fronteras y muchas de ellas, como Facebook, solo permiten incorporar un enlace. A veces ni eso y esta histeria colectiva lleva a paranoias como la de Instagram, que directamente no permite enlaces en tu timeline. Se premia el contenido nativo. Se desprecia el enlace.

Pero pensad una cosa: Si nos cargamos los enlaces, nos cargamos el verdadero motor de la web.

Meritocracia Vs. Dictadura del algoritmo

Seguro que muchas veces habéis escuchado aquello de que “El contenido es el Rey”. Y esto era cierto hasta hace unos años; antes existía un orden natural que permitía premiar a los contenidos brillantes. Aquellos contenidos que más aportaban, que eran más valiosos, que habían sido mejor trabajados… eran los que automáticamente recibían mayor número de enlaces y por tanto, reconocimiento y autoridad.

Ahora no solo basta con ser brillante, con tener buen contenido. Ahora hay que saber distribuirlo. Hay que dedicarle tiempo en redes sociales a promocionarlo, algunos incluso trabajando el ‘clickbait’… hay que saber de SEO, de SEM… y sobre todo, hagas lo que hagas, hay que saber que siempre quedarás a expensas del caudillo de tu timeline: el algoritmo. El mismo que premia contenido nativo frente a contenido externo; contenido actual más que contenido relevante; contenido afín a tus gustos antes que contenido crítico.

La cultura del esfuerzo

Estamos perdiendo el buen hábito de escribir y de leer con cierta profundidad. Hemos pasado de una web multidireccional y activa a una web centralizada y pasiva en la que en lugar de nutrirnos de un variado repertorio de fuentes de información siempre acavamos en el mismo sitio: “voy a ver qué echan hoy en Twitter”.

Esta comodidad también se traduce en el tipo de contenidos que se consumen. Los contenidos efímeros, de usar y tirar (como las stories). Lo cual definitivamente es una mala noticia para la base del conocimiento. Pensad por ejemplo en lo fácil que es localizar un artículo buscando en el archivo temático o cronológico de un blog, y lo difícil, por no decir imposible, que se convierte esta tarea si debemos hacerlo en el timeline de una cuenta de Twitter, Facebook o Instagram.

La independencia tecnológica

Si publicamos únicamente en redes sociales:

En resumen, ¿qué podemos y debemos aprender de los blogs?

  • El valor que tiene un enlace.
  • El único algoritmo que hay en la blogosfera es el de la ética.
  • A pesar de todo, el contenido fue, es y será el verdadero Rey.
  • Los blogs son fuente constante de talento, conocimiento y aprendizaje. También son instrumentos de libertad, democracia e independencia.
  • Tu verdadero hogar en Internet no está en la barra de ninguna red social: se llama blog.

Así que por favor: cread, escribid, leed y compartid blogs.

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