Cuando estaba dentro de la barriguita de madre, como superman en la esfera viajera de camino a la tierra, ya me preguntaba como sería el nuevo mundo que iba a ver. Mil preguntas rondaban mi pequeñita cabeza, aún no desarrollada pero lo suficiente para desear una vida digna.

Esperaba que fuera un lugar apacible, donde desde el principio me pudiera alimentar de una rica leche, con el tiempo de potitos de ternera con arroz y sabrosos petit suisses, de paellas organizadas los domingos en compañía de una familia unida.

Esperaba poder aprender a caminar en un parque donde los pájaros piaran y más niños jugaran como yo. Donde se pudiera salir a la calle y pasear con tranquilidad. Donde los aviones que viera surcar el cielo, sólo fueran de pasajeros.

Un mundo en el que pudiera acceder a una educación, ir al colegio, incluso al instituto o a la universidad para poder aprender como ha funcionado, funciona y funcionará el planeta en existencias anteriores, posteriores o contemporaneas a la mía y poder interactuar con él. Mejorarlo.

Tener un techo donde descansar y convivir.

Pero puede que al asomar la cabeza al exterior ningún guante de latex me hubiera tratado con cariño para azotarme levemente y hacerme soltar mis primeros llantos de vida. Quizás hubiese sido arrojado a una tierra árida donde mi mayor preocupación hubiera sido sobrevivir. No morir de hambre, de sed. Donde fuera el propio hombre quien me azotara de verdad.

Donde la única realidad que conociera fuese la de una inestable choza de paja, sin padre y con un hermano mutilado. Donde a mi madre dentro del poblado se le considerara una animal de compañía y una máquina de trabajo.

Puede que por las noches, en mis cortas horas de sueño no escuchara el sonido de los grillos o del avión de pasajeros surcar el cielo, sino el de una metralla llena de odio, el de unas bombas llenas de sangre y el de unos gritos llenos de terror. Esa hubiese sido mi única realidad.

Quizás un día un hombre blanco con una extraño objeto negro colgado al cuello y vestido con “lujosas prendas” hubiese llegado al poblado movido por pensamientos como éstey me hubiese regalado un poco de comida.

Entonces nuestras miradas llenas de vida pero acotadas por una realidad diferente se hubieran cruzado y abrazado en el espacio y el tiempo preguntándose el por qué el destino nos había colocado en posiciones inversas.

Por qué el dado le hizo ganar a uno y perder a otro.

dosrealidades01.jpg

Raúl Ordóñez @jaspeante

Profesor y Consultor TIC. Está especializado en Marketing Online y Competencias Digitales en IA. Cuenta con más de 20 años de experiencia en los que ha formado a más de 3.000 alumnos y asesorado a más de 200 firmas de España y Latinoamérica. Creador de contenido vertical en TikTok & Instagram donde suma una comunidad de más de 1 millón de seguidores.

https://raulordonez.com

13 comments on “Dos mundos”

  1. “Cuando estaba apunto de abandonar el país Dowayo, me reconfortó oir de boca del jefe de mi aldea que con mucho gusto me acompañaría a mi aldea británica, pero que temía ir a un país donde siempre hacía frío, había bestias salvajes como los perros europeos de la misión y era sabido que abundaban los caníbales”
    Nigel Barley, El antropólogo inocente

  2. Excelente. Esa ha sido la suerte de unos y de otros. Ya aquí, tal vez podamos hacer algo para que cambie. Estar conciente de ello es un primer paso. Gracias por hacerme pensar…

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *