A veces me pregunto como será la vida de aquellos que se les priva de libertad porque privaron la libertad de vivir a otros; o porque fueron tan ambiciosos que terminaron robando lo que no les pertenecía; o porque forzaron intimidades; o porque la vida se equivocó con ellos.
La carcel. Miradas de colores apretando barrotes grises, paredes de soledad y reflexión. ¿Qué pensará un condenado cuando entra allí?, ¿y cuando sale?.
Esperando a que llegue la hora de la visita, un preso exprime un cigarrillo que le costó horrores. Sabe que está a punto de recibir una mirada que saborea la libertad. Una soplo de oxígeno de ahí fuera, que le provoca envidia y arrepentimiento.
Si el reloj pudiera girar hacia el otro lado, muchas siluetas en la carcel sólo serían espectros, tentativas de maldad presente frustradas por el juicio del futuro.
No deberían haber existido nunca.


Cada persona que se encuentra privada de libertad es un mundo. Seguro que la mayoría de ellos merecen estar ahí y posiblemente algunos no deberían estar.