Jaén despierta. Es jueves y miles de personas, sobre todo mujeres, sueñan con encontrar una semana más la ganga de su vida.
Hoy es día de mercadillo o “mercaíllo” como dicen por aquí.
Al venir para el trabajo he llevado a mi madre y mi novia a aquel centro de peregrinación que cada jueves, desafiando el calor y el olor a masas, atrae a tanta, tanta gente. Por el camino un reguero continuo de hormiguitas con bolsas ilusionadas por volver a casa y mostrar sus trofeos de guerra.
Confieso que habré ido unas cinco veces en mi vida al mercadillo, sobre todo cuando era chiquitín. Nunca podré olvidar los gritos de los gitan@s compitiendo entre si por crear el mayor batiburrillo de compradores en sus tiendas.
O los pollitos de colores fluorescentes. Pobres animales.
El kiosko de churros. Las mantas en el suelo. Las miradas desafiantes entre “marías” y digo marías porque así se oye en el ambiente: “vamos marías que me lo quitan de las manos…”
Esto se ha convertido en un encuentro cultural cada verano…

Pues fijáte que yo guardo con cariño nada de aquello, lo guardo con miedo, como algo extraño que nunca he llegado a entender del todo, y que me es totalmente ajeno.
Sin duda creo que los mercadillos, son algo que entodos los paises encuentras. Todos alguna vez fuimos a un mercadillo. Y eso si que es una odisea porque andar en la calle con semejante calor y bolsas en mano.
Y si pobres pollitos de colores fluorescentes.
=)
A veces se encuentra alguna ganga de verdad, una o dos veces al año… xD