Quince locaidades componen la denominada Mariña Lucense, en la coste norte de Lugo, muchas de los cuales ya había visitado en ocasiones anteriores, como Mondoñedo, Lourenzá, Foz, Alfoz, Barreiros, Ribadeo. A Pontenova… pero ayer tocaba visitar la zona más septentrional.

Así que, con un sol juguetón entre las nubes comenzamos nuestra excursión a media mañana por la Nacional 640, que nos indicaba campanilla. Pasando por Mondoñedo y Alfoz, llegamos finalmente a Burela, una de las capitales de la pesca gallega que me sorprendió por ser un núcleo urbano realmente grande y con mentalidad muy abierta y cosmopolita.

Ello es debido fundamentalmente al alto número de inmigrantes que viven allí y que se atreven a realizar las duras tareas que la pesca conlleva y que cada vez menos, son hechas por los españoles.

De esta forma Burela se ha llegado a denominar el Cabo Verde de España, concentrando a una población negra realmente importante.

Nos fuimos directos al puerto, donde, afortunadamente, permanecía amarrada gran parte de la flota, por lo que pudimos disfrutar de auténticas embarcaciones de pesca, algunas de ellas, tristemente conocidas, como el “Siempre Casina”.

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Después de la larga caminata, nos entró mucha hambre y decidimos que era hora de poner rumbo a Viveiro, donde, la Guía Campsa nos indicaba un lugar muy especial.

El Restaurante Nito, situado en una envidiable panorámica sobre la playa de Area, nos sorprendió por su exquisitez y servicio, pero sobre todo, por un pescado y marisco fresquísimo como nunca habíamos degustado.

Para digerir bien el asunto, nada mejor que un paseito por la playa, donde una brisa fresca nos engatusaba y nos hacía soñar con tener algún día una casita en aquel lugar.

A eso de las cinco de la tarde, y tres kilometros más hacia el oeste, llegábamos a Viveiro, una ciudad de unos 15.000 habitantes, con bastante actividad, sobre todo, comercial y bañada por la ría y sus tres puentes.

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Merece la pena pasear por sus calles empinadas y visitar las puertas de la muralla, la Plaza Mayor, la Iglesia y convento de San Francisco, la Calezx das Monxas y el Cojunto Monumental de Santa María, donde un grupito de neniñas nos vendieron un clavel, la mar de bonico.

La visita la terminamos en la playa por excelencia de Viveiro, Las Covas, aunque el día todavía nos deperaría algunas sorpresas, pero eso … en el siguiente capítulo…

Por supuesto, hubo reportaje fotográfico, aquí lo tenéis:

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