¿Puede haber algo más romántico y a la vez aventurero que ir a Mongolia en una vespa?

Pues Jaime Adán, un loco de la carretera, lo está haciendo y contando en su blog. Merece la pena hacerle el seguimiento (desde el principio).

De momento, acaba de llegar a Kazajistan y le ocurren situaciones como estas:

Se acerca la noche. Necesito gasolina. Entro en lo que parece ser una gasolinera. Un majadero enorme con una botella en la mano me hace gestos para que me acerque. Me da mala espina, pero como soy un poco tonto y necesito gasolina, voy. Resulta ser muy descortes. Mete la mano y apaga la moto. Iniste q en que me quite las gafas y el casco. Como tampoco soy tan tonto, no lo hago. Se apoya en la moto y no la suelta. No la puedo arrancar debido a la posicion de su mano. Llama a sus amigos. No tengo miedo. Mas bien estoy acojonado. Sus amigos, con tanta cara de mendrugo como el kazajo en cuestion, no acuden. Finalmente soy capaz de arrancar la moto y como tio malo y peligroso que soy, salgo despavorido. Se despide de mi con un manotazo en el casco. Bienvenido a Kazajistan.