Raúl Ordóñez

Cultura digital, running y reflexiones personales con acento andaluz

“Ya lo he pedido abuela”

A continuación, os presento el corto relato, que con mucho cariño escribí para el BlogGuest de Antonio Cambronero con motivo del octavo aniversario de Blogpocket. Espero que os guste:

Corría el año 2052 cuando la pequeña Wendy llegó de la escuela. Como cada día vino corriendo a saludarnos. Le encantaba estar con sus abuelos. De su abuela no sólo había heredado el nombre, sino también una preciosa sonrisa que regalaba a todo el que miraba.

Le gustaba sentarse en mis rodillas: “Abuelo quiero que hoy me leas otro de tus cuentos”, mientras señalaba con su dedo inocente el libro que descansaba en el armario.

Si había una asignatura en clase que le apasionaba a la pequeña Wendy esa era la de Historia de Internet. Por eso le fascinaba aquel viejo libro del abuelo titulado: “La revolución de las Bitácoras”.

Ella sabía que también se podían llamar blogs, pero la moda en 2052 en todo el mundo era hablar español y en los colegios de todo el planeta se enseñaba este idioma.

“Y entonces abuelo,… ¿es verdad que al principio la gente sólo podía publicar en sus bitácoras escritos, vídeos y audio?”
“En realidad pequeña, al principio de todo sólo se publicaban textos. Y las bitácoras eran como diarios personales, donde los jóvenes de la época contaban sus pensamientos y sentimientos más profundos. Después comenzaron a aparecer bitácoras temáticas, los directorios de blogs y más tarde llegaron las redes y grandes plataformas. Aparecieron también las audiobitácoras y las vídeobitácoras que inundaron la Internet de antaño”
“¿Y qué pasó entonces?… ¿por qué no existen ahora?”
“Claro que existen Wendy, pero han evolucionado. Como todo en la historia. Al principio de la humanidad los primeros pobladores se comunicaban a través de sus pinturas en las cuevas que habitaban, con la sangre de los animales que cazaban. Después llegaron los primeros pergaminos, los emisarios, la tinta, las señales de humo, las plumas, ¡la primera imprenta!, las máquinas de escribir, los primeros teléfonos, los ordenadores, INTERNET,… y después por fin las bitácoras.”
“Si, pero yo… ¿por qué no puedo escribir entonces mi propio diario como los de antes?”

Fue entonces cuando levanté a Wendy de mis rodillas y la dejé en el suelo. Aunque a sus padres no le gustara que iba a hacer, le desactivé la pulsera de detección de sensaciones que tan poco me gustaba. Esa maldita pulsera se le ponía voluntariamente desde el año 2042 a todos los niños que nacían. A través de ella se detectaban sonidos y olores, grababa vídeo y era capaz de registrar todas las sensaciones que rodeaban a una persona, que luego podían ser compartidas y reproducidas por el reproductor de sensaciones que casi todos los dispositivos de entonces llevaban. Desde el sabor de un chupete, hasta el olor de una piruleta o el tacto de una caricia de mamá. Todo ello se recogía en mp8, el formato de compresión de éxito de la época y se iba archivando diariamente en el disco duro de los padres de cada niño hasta que este cumplía 10 años y tenía derecho a una copia de todos esos archivos y a decidir si quería seguir utilizando la pulsera o no. El detector de sensaciones era número uno de ventas en todo el mundo y raro era el padre que no lo colocaba a sus hijos. Hasta dónde habíamos llegado. Ya no se compartía música, vídeos o anotaciones sino que tu propia vida era emitida en un streaming contínuo…

“Abuelo, eso que haces no le va a gustar a papá”
“Aggg, Papá qué sabrá él de esto”

Y le apagué el detector. Entonces me dirigí al cajón y saqué de allí una libreta y un lápiz…

“¿qué es eso abuelo?”
“Es tu regalo de cumpleaños. Una libreta y un lápiz y en ella puedes escribir cada día todo aquello que te ocurra y que no quieras compartir con nadie. Sólo contigo. Todos tus secretos que nunca sabrá el mundo.”

Wendy abrió los ojos con la expresión de una sorpresa que nunca había tenido y se pasó toda la tarde escribiendo hojas y hojas en aquella libreta.

Por la noche, nos reunimos toda su familia, padres, primos, tíos y abuelos. En la tarta ponía “Feliz 10º cumpleaños Wendy”. Antes de soplar las velas su abuela le dijo:

“No te olvides de pedir un deseo Wendy”
“Ya lo he pedido abuela…”

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  1. Genial como siempre Jasp!! Me ha encantado!! Una ingeniosa mezcla entre lo antiguo y lo futurista, con toques de ternura y un guiño a la tecnología…. genial!!

    Gracias por compartirlo!

  2. Me ha gustado mucho, niño. Muy original y un futuro muy creible. saludos

  3. simpático el relato, un buen guiño.
    saludos

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