Escribo estas líneas tan solo un par de días después de publicar la crónica personal de lo que fue mi desgraciada (o no tanto) participación en la edición 2017 de la Carrera de San Antón de Jaén.
Ahora, al igual que hice el año pasado en un artículo crítico (pero con espíritu constructivo), me gustaría reflexionar de forma más general sobre el estado actual de la prueba y los importantes retos que aún debe acometer si no quiere morir de éxito.
Y lo hago porque amo mi ciudad, su gente, su historia, su habla, su patrimonio… entre el que se encuentra este evento deportivo que ya forma parte del ADN de todos los jienenses… y porque tal y como comenté en aquel post que tuvo tan buena repercusión, creo firmemente en que esta carrera, si se lo propone, puede llegar a convertirse en una de las más prestigiosas del mundo… pero también, porque desgraciada y peligrosamente, puede ocurrir todo lo contrario.
Y es que, aunque lo primero que nos pide el cuerpo es sacar pecho por una fotografía como la que ilustra este artículo (que por cierto es de Indalecio Serrano), lo acontecido en esta XXXIV edición es a la vez un fiel reflejo de la delicada situación en la que se encuentra ahora mismo la carrera, con una aparente solidez, que esconde sin embargo innumerables problemas internos. De no ser solventados, pueden convertirse en un arma de doble filo. Ya sabéis aquello de que la potencia sin control, no tiene sentido.
Sirva por tanto el presente análisis para ofrecer a la organización algunas impresiones y propuestas desde mi humilde experiencia y punto de vista. Para ello, quizá la mejor forma de comenzar sea con este vídeo del que se obtienen algunas conclusiones:
- Hay gente que es tan falsa que se engaña hasta a ella mismo corriendo. Contra eso no podemos hacer nada. Partimos de la base de que el ser humano puede llegar a ese nivel de mezquindad y que “recortadores” como los que se ven en el vídeo, hay en todas las carreras. Pero no nos quedemos en lo obvio; conviene ahondar un poco más en el asunto…
- En esta parte de la carrera (concretamente las imágenes muestran la zona de acceso al auditorio de la Alameda) el ancho de la calzada se reduce considerablemente ocasionando un importante tapón en el tráfico de corredores. Algo que desgraciadamente no es puntual y se repite en muchos otros puntos del recorrido, lo que no solo obliga a disminuir considerablemente el ritmo hasta incluso caminar, sino que puede suponer un riesgo para la salud como desgraciadamente me ocurrió a mi.
- La iluminación en la parte izquierda de la calzada en esta zona del recorrido es prácticamente nula. No era el único punto. Existían otros muchos durante los 10 kilómetros de la prueba donde la oscuridad complicaba muchísimo la carrera. En una prueba nocturna como esta, resulta básico tener en cuenta este aspecto.
- No existía ningún tipo de presencia ni control por parte de la organización en un punto tan conflictivo como éste, donde puede haber aglomeraciones (y trampas) pero tampoco había en tantos otros. Tampoco existe acompañamiento de personal autorizado durante la carrera. Cuando me hice el esguince conseguí llegar caminando hasta un policía y una chica de la cruz roja a los que les pedí ayuda, pero me dijeron que ellos no tenían ningún tipo de material.
- El flujo de corredores por metro cuadrado es alarmantemente intenso, hasta el punto de entorpecerse continuamente. De nuevo, no es un problema puntual, sino algo que se mantiene prácticamente en los 10 kilómetros de carrera y que afecta al 80% del pelotón.
En definitiva, el vídeo solo muestra algunas de las dificultades, la mayoría de las cuales tienen un mismo origen…
¿Dónde radica el verdadero problema y qué soluciones existen?
Nadie niega a día de hoy que la San Antón es un éxito a nivel participativo (tanto de público como de corredores). Las 10.000 plazas se agotaron en esta edición en tan solo 9 horas y la demanda de dorsales de personas de fuera de la ciudad y provincia ha aumentado exponencialmente en los últimos años. De hecho me aventuro a decir sin miedo a equivocarme, que ahora que se celebra siempre en sábado, la San Antón, si quisiera, podría ampliar y cubrir perfectamente el cupo hasta los 25.000 corredores. ¿Pero está preparada para ello? Absolutamente no. Y mi negación es así de rotunda porque, aunque me duela admitirlo, ni siquiera está preparada para organizar con garantías la prueba con estos 10.000 participantes.
Por segundo año consecutivo, y pese a que sobre el papel y de forma pública habían anunciado ciertas mejoras, los organizadores han demostrado no saber hacer frente a las capacidades organizativas que requería un aforo como este. Se había prometido una salida por cajones pero ni el reparto de los mismos, ni el control de acceso se efectúo de forma correcta. Fue sencillamente, un desastre:
Sin duda me temo que es una cuestión de presupuesto que requiere una mayor inversión en medios y recursos, pero que al mismo tiempo tiene una fácil solución elevando el precio de la inscripción, el presupuesto municipal y el precio de los patrocinios, a lo que habrá que sumar sin duda un esfuerzo muy especial a la hora de aplicar de forma eficiente una serie de cambios en la salida y transcurso de la prueba. Me explico:
1. Precio de la inscripción. Personalmente creo que una carrera del prestigio de la San Antón, y justificando que efectivamente el corredor va a contar con una calidad mínima en su experiencia deportiva, debería aumentar su precio de inscripción desde los 3 euros actuales hasta 12 euros. La mayor parte de carreras de 10K suelen tener un precio de 10 euros, algunas incluso más. Los medio maratones están en torno a los 15.20 euros. Con este precio sugerido, estimo que la participación se podría elevar a 15.000 personas, con lo que los ingresos obtenidos por esta vía podrían ascender a 180.000 euros.
2. Presupuesto municipal. Ahora que la San Antón lleva celebrándose tres años seguidos en fin de semana, nuestros representantes políticos cuentan con datos y argumentos suficientes para demostrar que la carrera supone un importante aliciente económico para la ciudad, aportando sustanciosos ingresos a diferentes sectores como el comercio y la hostelería. Usando las cifras de participantes del punto anterior, y estimando que el 50% de esos 15.000 corredores sean forasteros y que realicen un gasto medio en nuestra ciudad para ese fin de semana de unos 150 euros por persona, se generaría un impacto económico de más de un millón de euros; y son cifras tirando muy por lo bajo, sobre todo si se comparan con las oficiales que desde el Ayuntamiento de Jaén se han animado a compartir en medios en esta edición 2017. Por tanto, ese salto cualitativo en 2018, con un mayor número de inscritos, pero también con una mayor responsabilidad organizativa, debería ir acompañado en un aumento en el presupuesto municipal que se destina a esta partida.En 2017 el presupuesto ha sido de 200.000 euros, por lo que para la siguiente edición, y con estos argumentos, debería poder aumentarse, al menos hasta los 300.000 euros.
3. Patrocinios económicos. Las más grandes carreras y eventos atléticos de nuestro país están siempre auspiciados por conocidas marcas deportivas; por poner algunos de los muchos ejemplos disponibles, Adidas patrocina la Behobia San Sebastián (20K), Asics el Medio Maratón de Madrid (21K), New Balance la Maratón de Sevilla (42K), Nike la San Silvestre Vallecana (10K) y así sucesivamente… Estoy seguro que cualquiera de ellas estaría deseosa de aportar su apoyo económico y logístico a un evento tan especial como la San Antón, siempre por supuesto que la carrera se desarrolle bajo unos criterios de calidad y sea realmente una Carrera Internacional, en mayúsculas, y no una marcha popular como tiene el peligro de convertirse si sigue por los derroteros que hemos visto estos dos últimos años. Junto al patrocinio principal de alguna de estas marcas, pueden existir muchos otros (grandes aseguradoras como Divina Pastora o Zurich apuestan también por los eventos atléticos) así como el de patrocinadores más regionales o locales. Los ingresos obtenidos por esta vía pueden variar mucho, pero de forma fácil, y lo digo por experiencia porque he organizado muchos eventos en mi vida, se podrían obtener 150.000 euros.
Con todo, la suma de ingresos en este escenario medianamente “pesimista” obtenidos a través de inscripciones, presupuesto municipal y patrocinios sería de 630.000 euros.
Cubierta esta parte tan fundamental, llegaría el momento de centrarnos en solucionar los mencionados problemas en la salida. Para ello sería estupendo que la organización contara con el asesoramiento de un equipo multidisciplinar en el que, además de tener la opinión de técnicos municipales de diferentes áreas, estuvieran presentes atletas y corredores, con el objetivo de elaborar un plan integral de carrera que pueda ser después ejecutado y controlado. Muy recomendable sería además, tener conversaciones con organizadores de otras carreras nacionales para aprender, estudiar sus modelos y copiar, en el buen sentido del término, lo mejor de cada casa. Fijaos, como ejemplo en este dossier de carrera de la última edición de la Behobia.
Ese plan integral para la carrera de San Antón debería, entre muchos puntos, prestar especial atención a:
1. Proceso de inscripción: este proceso, podría y debería comenzar mucho antes y gestionarse íntegramente de forma online a través de una web propia, que se echa en falta desde hace años (algo que también comenté en el artículo de propuestas de mejora del año pasado). Así mismo sería recomendable dividirlo en dos fases: proceso de preinscripción (por ejemplo del 1 al 30 de septiembre) en el que la organización tendría una estimación de la demanda de dorsales para esa edición, y un proceso de inscripción definitiva del 1 al 30 de noviembre, en el que los corredores podríamos confirmar nuestra participación y formalizar el proceso de pago. En ambos casos, se podrían ofrecer, junto con el dorsal, diferentes paquetes turísticos y de alojamiento que enriquezcan la experiencia y potencien la visita de gente de fuera. Adicionalmente, también se podría habilitar, del 1 al 30 de diciembre, un periodo de cambio de dorsales por si finalmente alguien no puede asistir.
2. Masificación. Sin duda este es el principal problema que tiene la prueba y que habría que solucionar. Las mejoras previstas al respecto para este año han demostrado no servir para nada, fundamentalmente porque no se han aplicado. Según se había anunciado, existirían 4 cajones en la salida que clasificarían a los corredores en función de sus marcas acreditadas durante el proceso de inscripción de cara a que tras el pistoletazo inicial, la salida fuese ordenada. Nada más lejos de la realidad: en el grupo de amigos que corríamos este año, habíamos indicado tiempos para estar en el cajón número 3 y sin embargo, de cuatro personas que íbamos, solo a una (a mi) me asignaron el cajón de salida correcto en el dorsal. Un 75% de error que era extrapolable al resto de miles de corredores que mostraban el mismo descontento al no haber recibido un color de dorsal acorde con la marca indicada. No sabemos cómo se hizo el proceso de asignación de cajones, pero está claro que no se hizo bien. Por cierto, que esta información acerca de los colores en los dorsales debía haber sido difundida de forma más amplia por los organizadores porque el grueso del pelotón no conocía nada al respecto…
Junto a eso, el proceso de control al acceso de cada uno de los cajones, no existía. La gente se colaba por infinidad de huecos en las vallas laterales, y a los que entrábamos por el sitio adecuado no se nos realizaba ningún tipo de acreditación. Con estos ingredientes, el colapso estaba garantizado y así efectivamente se demostró después.
La solución pasaría por dos vías:
A. Más cajones y mucho más control en el acceso a los mismos y durante la carrera. Para pruebas populares como esta, normalmente se suelen situar entre 1.500 y 3.000 personas por cajón. Con un horizonte temporal como el comentado anteriormente (15.000 corredores), creo que deberían existir al menos 6 cajones de salida, cuyo funcionamiento debería ser previamente explicado con total claridad a todos los corredores. Y lo que es más importante, el día de la carrera, se debería realizar un control exhaustivo para asegurar el correcto acceso de cada corredor en su cajón correspondiente. Si en un concierto de 40.000 personas se ponen medios para conseguir que nadie se cuele sin entrada y que cada persona se sitúe en el lugar de aforo que le corresponde, una carrera de estas características no debería ser menos. Tampoco habría que olvidar el control durante la carrera para evitar escenas tan vergonzosas como las del vídeo. De nuevo esto paso por invertir en más recursos técnicos y humanos.
B. Salidas escalonadas de corredores. También se podría ir un paso más allá y realizar una salida escalonada como se hace en carreras tan multitudinarias como la Behobia San Sebastián (siento ser tan pesado con esta prueba pero sin duda su organización es excelente y resulta un modelo a seguir). Sería una vuelta de tuerca adicional a la primera vía, en la que a cada participante se le asigna un cajón con una hora de salida determinada, de forma que en el momento de dar el pistoletazo de salida, saldrían todos los corredores del cajón 1; 5 minutos más tarde, los del cajón 2; 5 minutos más tarde, los del 3… y así sucesivamente. De esta forma la carrera, por muchos dorsales que tenga, sean 15.000 o 30.000 puede ser masiva, pero nunca masificada como le ocurre actualmente a la San Antón.

Ejemplo de cajones de salida escalonada (hasta 19) en la Behobia.
En resumen…
Lo que le falta a nuestra querida San Antón es que todo fluya. En el sentido que desde el momento que llegas a la salida, calientas, te posicionas, hacen la cuenta atrás, tomas la salida, corres (o vives la San Antón, que sería otra forma más poética de contarlo), cruzas la meta, te ponen la medalla (sí, la medalla se pone siempre al final, queridos organizadores, y nunca se entrega en la bolsa del corredor al recoger el dorsal, como se hace ahora)… todo ello funciona como una maquina engrasadísima (salidas escalonadas, variedad de cajones y control a los mismos, paneles con la cuenta atrás y avisos de megafonía…) en la que no existe ningún tipo de freno, y sin que se favorezca o perjudique sea cual sea tu ritmo y dorsal. Y todo con más de 10.000 corredores…
Por eso, finalizo esta humilde opinión de la misma forma que lo hice hace justo un año: comentando que conozco el mundo de los eventos y sé que organizar una carrera de estas características supone un esfuerzo tremendo de recursos humanos, técnicos y logísticos; valoro muchísimo la labor que desde el Patronato de Deportes del Ayuntamiento de Jaén se ha hecho durante estos 35 años para impulsar la carrera, pero sé que se puede hacer aún mucho mejor y en esta anotación he tratado de aportar de forma constructiva mi granito de arena.
Sueño con que en el futuro podamos ver alguna de estas mejoras, y así cuando den el pistoletazo de salida, ya desde el minuto cero no nos tengamos que preocupar de otra cosa que de correr al ritmo que uno quiera y disfrutar del ambiente de la carrera, que es en definitiva de lo que se trata.
¡Gracias a todo el que haya llegado hasta aquí! Espero vuestros comentarios.

Equipo multidisciplinar, web propia, presupuesto mayor (inscripcion mayor, Ayuntamiento, patrocinadores…) voluntariado, salida por oleadas e incluso realizar actividades paralelas el dia antes, mañana de carrera y dia despues para sacar rendimiento a las visitas de fuera. Feria del corredor mas intensa, mayor difusión a nivel nacional… en fin un montón de cosas que mejorar
Sin duda Manuel. Muchas de ellas, como las de la web o la Feria del Corredor, ya las comentaba en el post del año pasado. El recorrido también es una mejora pendiente porque hay zonas que son realmente imposibles… ¡Gracias por tu aportación!