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Running

Crónica del Maratón Valencia 2018

Ya ha pasado casi un año desde que corrí el Maratón de Valencia. Sin embargo, aún no olvido ningún detalle de lo ocurrido aquel 2 de diciembre de 2018 ni creo que lo olvide jamás.

Si el Maratón de Madrid fue el de las piernas y el de New York Lugo el del corazón, este Maratón de Valencia fue indiscutiblemente el de la cabeza.

Porque son esos tres elementos los que, combinados en diferentes proporciones, hacen que un ser humano sea capaz de completar la distancia de Filípides y en esta ocasión el poder de la mente sería fundamental para llegar hasta la meta… pero comencemos desde el principio.

Porque un maratón comienza desde el mismo momento en el que realizas la inscripción a la prueba. A partir de ahí, no hay día en el que tu cabeza no deje de pensar en ese objetivo vital al que quieres y temes por igual y… la cabeza, amigos míos, es capaz de derrotar cualquier adversidad

En mi caso la inscripción llegó el 22 de junio, día de mi cumple, en forma de regalo de las personas que más quiero. ¡Nos vamos a Valencia! rezaba la nota junto a la inscripción. Wendy, Laura y Pedrito serían mis supporters de lujo para la fecha elegida, 2 de diciembre, curiosamente un día después del cumple de mi chica que estuvo aguantando mis nervios todo ese fin de semana (nunca dejaré de agradecérselo)

Tenía 6 meses por delante para preparar física, emocional y mentalmente la carrera. El camino no había hecho más que empezar…

Sobre el Maratón Valencia

Para los que no lo sepan, el Maratón Valencia Trinidad Alfonso EDP es, por méritos propios, la cita atlética más importante que existe en nuestro país y toda una referencia a nivel mundial. Cuenta con la etiqueta ORO que concede la Federación Internacional de Atletismo por su excelencia en la organización. Esa misma que tienen majors como Boston, Chicago, Londres, Tokyo, Berlin o New York. Para más inri, en esta edición habría récord de participación con 22.000 inscritos y 19.500 finishers.

Posiblemente el mayor atractivo de la prueba sea un recorrido completamente llano, a nivel del mar y unas condiciones climatológicas perfectas para correr. Si a esto le sumas la espectacular salida y llegada desde un lugar tan emblemático y una ciudad volcada con el running, tenemos una combinación ganadora.

 

La preparación

Solo el 1% de las personas que habitualmente corren, dan el paso de hacer un maratón. Porque lo realmente difícil de un maratón no es correrlo, sino prepararlo.

Correr esta distancia supone un compromiso físico, emocional y mental constante. Supone mucho sacrificio; saber renunciar a ciertas cosas: tiempo con tu familia, horas de sueño o alguna fiesta que otra; entrenar días en los que no te apetece o hace un tiempo de perros; compatibilizar con tu trabajo u ocupaciones; sacar horas de donde no las hay; correr a veces en soledad. Un maratón supone conocer los límites de tu cuerpo y dominar los miedos o dolencias que van a aparecer en muchos momentos sabiendo determinar cuándo es posible seguir y cuándo no.

Y con esta mentalidad, inicié la última semana de agosto el necesario Plan de Entrenamiento que se iba a extender durante 14 semanas. En esta ocasión el tiempo objetivo que me había marcado era rondar las 3 h 30′ lo que implicaba dominar muy bien los ritmos de 5’00 a 4’50’’ por km y competir en medio maratón entre 4’30’’ y 4’20’’ por km.

Después de mis dos marcas anteriores (3h 58′ en Madrid y 3h 45′ en New York Lugo) sabía que era un reto muy ambicioso pero había que intentarlo. Una vez más aposté por uno de los planes de Rodrigo Gavela, toda una referencia en el mundo del maratón.

Debo reconocer que no fue un camino nada fácil porque desde la segunda semana en la que tuve que parar por una distensión, los problemas físicos en el gemelo fueron la tónica habitual durante toda la preparación hasta el punto de tener que suavizar muchas de las sesiones programadas y adaptarlas a esta circunstancia, generando los consiguientes debates mentales.

Por eso, si hay alguien al que realmente le debo la medalla de este Maratón Valencia, ese es el fisio, Ángel Escárcega Vázquez (Boas Mans), un fuera de serie que me trató todo ese tiempo para llegar en las mejores condiciones posibles…

Y el tiempo fue pasando irremediablemente hasta llegar al lugar y la fecha marcada.

El día del maratón

06.05 horas. Ha llegado el Día D y suena el despertador. Gracias a la generosidad de Vero y Luis (unos amigos de Galicia que nos acompañan este fin de semana en Valencia) que me han cedido su cama esta noche para descansar mejor… y gracias también a la «pastilla secreta» que me facilita mi suegra para conciliar el sueño en ocasiones especiales, puedo decir que he vencido a uno de los principales miedos que tengo siempre que corro un maratón: conseguir dormir. Y creedme si os digo, que el descanso es fundamental para una prueba de larga distancia como esta.

06:15 horas. Después de un aseo rápido voy hasta la cocina del piso de Airbnb que hemos agenciado en la ciudad y por allí ya está mi gran amigo Diego, de Jaén, que también ha venido para correr los 42K. Estar aquí con él y poder vivir estos momentos acompañado resulta tremendamente especial. Desayunamos nuestra tostada con aceite y tomate de la tierra mientras bromeamos para hacer menos tensa la espera.

06:45 horas. Esperamos en el portal al taxi que hemos reservado el día anterior sabiendo que el acceso hasta la salida es complicado… Pero pasan 10 minutos y allí no llega nadie. Tras varias llamadas infructuosas y desesperadas a Radio Taxi, un angelito nos atiende y finalmente nos envían un coche.

07:20 horas. Por fin llegamos hasta la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Queda poco más de una hora para la salida y hace un frío tremendo. Tiemblo como un cervatillo. Decidimos subir hasta la parte alta para ver desde arriba una panorámica que nunca olvidaré. De un lado, la salida sobre el Puente colgante de Monteolivete, con sus dos característicos márgenes. De otro, la llegada que ojalá podamos alcanzar unas horas después; la deseada pasarela azul flotante sobre el lago, posiblemente una de las metas más bonitas del mundo.

Pienso en la dulce metáfora de que al final la vida de un ser humano no deja de ser un maratón, con su salida y su llegada, con sus puntos álgidos y bajos… y, sobre todo, diferente para cada persona. El sol se asoma por el horizonte y comienza a regalarnos sus primeros rayos. Disfrutamos del espectáculo y como me suele ocurrir en otras ocasiones una canción comienza a sonar en mi cabeza y ya no dejará de hacerlo durante toda la carrera. No me preguntéis por qué pero en esta ocasión es Fell it Still. Dentro música:

08:00 horas. Después de pasar por el guardarropa y hacernos las reglamentarias fotos precarrera, ya estamos vestidos de corto preparados para la batalla. La zona de la salida es literalmente un hervidero de gente, que huele a nervios, a emoción y, sobre todo, a Réflex. Muchos de ellos calientan preocupados, corriendo como pollos sin cabeza… como si fueran a competir en un 5K… «Si nos vamos a hinchar. Bromeo con Diego».

Con Diego, preparándonos para la batalla
Ya vestidos de corto, en la imponente Ciudad de las Artes de Valencia

08:25 horas. Ya estamos situados en nuestro cajón donde tenemos la suerte de encontrar algún paisano y comentar juntos el impresionante ambiente que vivimos. Quedan exactamente unos minutos para la salida, el speaker calienta motores, miradas de nervios. La emoción nos invade.

Km 0. Pistoletazo de salida. Sueña Mediterráneo de Nino Bravo. En el margen derecho del Puente de Monteolivete maratonianos, en el izquierdo los corredores del 10K. Una imagen (vídeo) vale más que mil palabras:

El frío que hasta ese momento nos invadía desaparece por completo y da paso a una alegría tremenda por correr los primeros pasos en esta carrera que tanto deseábamos. Disfruto acompañando a Diego este primer kilómetro a partir del cual nos separaríamos ya que habíamos entrenado para objetivos diferentes.

Km 2. Avenida del Port. Después del éxtasis inicial no tardo en encontrar la velocidad de crucero a la que, tras tantas semanas de entreno, mi cuerpo se había acostumbrado. Decido unirme a un grupo de amigos que parecen ser de la ciudad y que no paran de bromear. Este buen rollo es fundamental para que los primeros kilómetros vayan pasando rápido, sin pensar mucho.

Km 6. Tras pasar la zona más cercana al mar, el sol se alía con la carrera y empieza a calentar un poquito. También se nota una ligera brisa. Se agradece. De momento, todo en orden. Es momento de sonreir y recordar los duros, fríos y lluviosos días de entrenamientos gallegos. Esto es Hawai. Esta es la recompensa a tanta esfuerzo, me digo a mí mismo.

Km 10. El reloj marca poco más de 50 minutos. Un nuevo avituallamiento animado por otra de las decenas de batucadas que este día inundan la ciudad. Comienza en esta zona una ligerísima subida que, de momento, no se nota en las piernas.

Km 14,5. Estoy ya en la larga recta que conduce a la Plaza del Real y me emociono porque en apenas 500 metros veré por primera vez a seres tan queridos como Wendy, Laura, Pedro, Luis, Vero, Rafa y Alicia. Ellos quizá no lo aprecian, pero su compañía, sus palabras de ánimo, su presencia, suponen una motivación esencial para mi durante toda la carrera. Al pasar, me derrito al ver que la pequeña Laura había preparado un cartel con las palabras de VAMOS PAPI, TE QUEREMOS. Les digo a todos que voy muy bien y me lleno con más energía que la que pueda insuflar cualquier gel.

Km 21. Media Maratón. 1h 45 min. La estrategia de carrera que me había marcado pasaba por hacer la primera media maratón en torno a este tiempo y la segunda en un poquito menos. Había encontrado un buen ritmo de carrera y todo parecía en su sitio. Posiblemente fuese la calma antes de la tormenta…

Km 22. Pasamos muy cerquita de la Ciudad de las Ciencias. La meta tan cerca y a la vez tan lejos y los primeros demonios de la maratón comienzan a aparecer alentados por el sol, que ya calienta lo suyo. El gemelo derecho, el mismo que había estado dando tanto la lata durante los meses de preparación y que me había obligado a pasar tantas veces por fisio y suavizar tanto el plan de entreno, empieza a quejarse. No es un dolor muy agudo, pero sé que irá a más y que deberé negociar con él durante toda la carrera.

Alguna vez he comentado que uno de los trucos que suelo buscar en maratón es trocear la carrera en pequeños tramos e ir conquistando uno a uno. Por eso, en aquel momento de primera gran debilidad tras pasar la media maratón mi objetivo inmediato era alcanzar el km 28, donde sé que de nuevo estaría mi gente esperando. Aunque conseguí mantener el ritmo, fueron kilómetros duros a nivel mental, así que reencontrarme con ellos me ayudó muchísimo. Me volvió a dar alas.

Km 30. Entramos en el centro de Valencia donde las largas avenidas dan paso a calles más estrechas y una animación sencillamente brutal. Este cambio de escenario sirve para romper un poco la monotonía y hacer un poco más llevadera -si es que se puede- la carrera. Las conversaciones y el humor inicial entre los corredores desaparecen a estas alturas dando paso a un silencio abismal solo roto por el golpeteo constante de zapatillas en el asfalto y respiraciones aceleradas. Pienso en el privilegio que supone que corten una ciudad entera al tráfico para que podamos correr por aquí.

Km 36. Comienza mi muro. Definitivamente mi cuerpo no acepta más negociaciones por parte de mi mente… y aunque por dentro pienso: Raúl: sigue. Por fuera mi cuerpo dice, Raúl: para. Todo tipo de señales: dolor agudo de gemelo, dolor de espalda, cansancio extremo. Bajo el ritmo que hasta ese momento había sido bastante constante y soy consciente de que posiblemente no acabaría en las 3h 30m. que me había propuesto.

Pese a haber ido hidratándome bien durante toda la carrera y haber tomado los reglamentarios geles, todo tipo de dudas me asaltan. Pienso en que posiblemente, y debido precisamente a esa dichosa lesión de gemelo que me había obligado a suavizar muchas sesiones de entreno, había llegado muy justo de preparación. Estos 5 kilómetros se me hacen eternos hasta que consigo encontrar la LUZ.

En aquellos momentos de incertidumbre, cuando peor lo estaba pasando, nunca olvidaré la imagen de un chico joven que desde su silla de ruedas no paraba de animar a todos los que pasábamos por aquellos últimos kilómetros de la maratón. Fue entonces cuando decidí que esa carrera la iba a acabar sí o sí. Por él. Por ese chico y como los que, como él, no pueden correr. Porque correr es posiblemente el mayor acto de libertad del que goce un ser humano y por eso los que podemos hacerlo debemos considerarlo una fortuna. Miro hacia adelante, aprieto los dientes y sigo porque me siento afortunado.

Km 41. Ya huele a meta. Recuerdo mis dos máximas cuando participo en una carrera: que el último kilómetro sea el más rápido y llegar sonriendo. No es difícil hacerlo porque la llegada a Valencia posiblemente sea una de las más espectaculares del mundo. Sobre una imponente alfombra azul que te recibe poco antes de entrar a Ciudad de las Artes y una meta rebosante de gente, llego por fin la pasarela sobre el lago.  La pasarela del olimpo. 195 metros de gloria y recuerdo. Un verdadero regalo para todo aquel que consigue culminar la prueba.

Km 42 y 195 metros. Paro el reloj. 3 horas, 35 minutos y 38 segundos. Consigo ver en la grada a mis amigos y rompo a llorar. Es la magia del maratón. Un sentimiento difícil de explicar con palabras. Miro a mi alrededor y no soy el único. Personas provenientes de muchas partes del mundo que acaban de culminar un objetivo común y que, desde este preciso momento, comenzarán a ver la vida desde una óptica diferente. Porque ya lo dijo Zátopek: Si quieres correr, corre una milla. Si quieres experimentar una vida diferente, corre un maratón.

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Esta entrada está especialmente dedicada a mis amigos y compañeros valientes del Club Montepenarubia de Lugo y que actualmente preparan su bautizo en la distancia precisamente en el proximo maratón de Valencia 2019. Llevo semanas acompañándolos en su preparación y estoy seguro de que lo conseguirán. Espero que leer este artículo les proporcione toda la fuerza y confianza contra cualquier miedo. ¡Vamos!

 

Bonus track:Para los más curiosos, os dejo el track de la prueba en strava con tiempos de paso y algunas métricas más:

 

 

Consultor y formador TIC, especializado en marketing y comunicación online, formación y consultoría tecnológica, blogs, redes sociales, gobierno abierto y estrategias digitales en el ámbito empresarial y político. Mantengo esta bitácora desde enero de 2004. Más información.

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