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Niños y tecnología: 10 claves para una educación responsable y positiva

Os puedo asegurar que uno de los momentos más maravillosos de mi día a día se produce cada mañana cuando llevo a mi hija Laura (5 años) al colegio. Ese pequeño trayecto en el que caminamos juntos de la mano mientras ella no para de hablar y contar todo tipo de cuestiones relacionadas con su descubrimiento permanente del mundo, se convierte en un campo de trabajo ideal para cualquier padre desde el que poder detectar numerosas cuestiones relativas a su educación y crecimiento personal.

Parece increíble que una personita tan pequeña ya sepa perfectamente identificar la realidad que le ha tocado vivir. Esta mañana, por ejemplo, me dijo lo siguiente:

Papá, yo aún no sé que seré cuando sea mayor, si científica, médica o escritora… pero lo que sí que es seguro es que tendré que trabajar con ordenadores.

Os podéis imaginar la sonrisa que se le dibujó en la cara a alguien que lleva años trabajando por divulgar la cultura digital. Paradójicamente esa sonrisa no tardó en convertirse en un gesto un poco más serio que dio paso a un ejercicio de reflexión acerca de un tema que considero trascendental en la sociedad actual.

Me refiero al hecho de que, tal y como afirma la mayoría de estudios, en los próximos 30 años el 75% de las profesiones actuales dejarán de existir mientras que, paralelamente, el porcentaje de población que se está adaptando laboralmente ante este avance tecnológico y de digitalización de las tareas es mínimo.

Lo anterior conduce irremediablemente a dos preguntas:

¿De qué van a trabajar nuestros hijos en el futuro? ¿Estamos haciendo algo para remediarlo?

La importancia de la educación en la sociedad que está por llegar

No me gusta ser alarmista pero creo que nos encontramos en un momento crucial para abordar estas cuestiones y la solución pasa siempre por el mismo lugar: EDUCACIÓN. Educación en todos los ámbitos y niveles.

  1. Primero, una educación tecnológica desde el entorno familiar y desde niños bajo un enfoque positivo; una educación, que por otra parte no deja de ser una educación en valores como os explicaré más adelante.
  2. Después, una educación en tecnología y competencias digitales obligatoria (como las mates o el inglés) en los coles e institutos, acercando materias que serán la base de cualquier trabajo dentro de no muchos años: inteligencia artificial, robótica, programación, realidad aumentada, realidad virtual, ciberseguridad, big data… y tantas otras que ahora mismo suenan a chino a muchos padres o profesores.
  3. Por último, educación tecnológica especializada y oficial a través de universidades y centros de formación profesional para otorgar el grado de conocimiento y preparación suficiente para las nuevas profesiones que nos esperan.

La cuarta revolución industrial ha empezado

Si lo que acabo de comentar no termina de convencerte te recomiendo encarecidamente que veas este documental (dos partes) realizado por la Fundación para para la Innovación (COTEC) bajo el título #MiEmpleoMiFuturo:

Tremendo, ¿verdad?

Así que toca presionar para que el sistema educativo fortalezca las habilidades que nos hacen ser mejores que las máquinas, para que las promueva desde la educación infantil hasta la universidad y a lo largo de la vida y, sobre todo, para que los políticos alcancen acuerdos a largo plazo sobre educación. Se trata de una inversión de futuro fundamental para el avance de cualquier país.

Y mientras presionamos, me gustaría aportar mi granito de arena con una serie de recomendaciones que, desde mi punto de vista y experiencia como padre y formador en la materia, podemos aplicar a partir de ese primer nivel que comentaba antes -entorno familiar- con el fin de educar eficazmente a nuestros hijos en su relación con la tecnología.

10 claves para una educación responsable y positiva

1. Los niños no son nativos digitales

No tienen un conocimiento innato de un móvil solo por haber nacido en la época de los móviles, igual que un adulto no tiene un conocimiento innato de un coche por haber nacido en la época de los automóviles. Dicho de otro modo, no son competentes en el uso de la tecnología per sé sino que hay que enseñarles. Esto es importante dejarlo muy claro: no existen los nativos digitales sino en todo caso los huérfanos digitales.

2. No hay una edad mínima para que empiecen a interactuar con la tecnología

Más allá de los mitos y desinformación que existe al respecto, y de los 3 años recomendados por la Asociación Americana de Pediatría para empezar a utilizar pantallas, siempre solemos decir que cuanto antes comience a interactuar un ser humano con la tecnología, mucho mejor. No debemos evitar el contacto con ella porque constituye una herramienta valiosísima que va a ir ligada a su día a día personal y laboral durante toda su vida. ¿Evitarías que tu hija o hijo comience a utilizar libros?

3. Cuando tengan ese primer contacto, debemos estar delante

Al igual que cuando tu hija o hijo coja ese primer libro, le enseñarás a pasar las páginas, a no romperlas, a identificar colores, letras, animales… y más tarde le acompañarás durante sus primeras lecturas, seleccionando aquellos títulos que mejor se adaptan a su edad y madurez, con la tecnología ocurre exactamente lo mismo. Resulta fundamental estar cerca de los menores en sus primeros pasos. Esta es la base de cualquier estrategia de mediación activa.

4. Educar, Acompañar y Supervisar

Y ya que hablamos de mediación activa, podemos decir que esta estrategia se resume en tres claves (EAS): Educar – Acompañar – Supervisar. Insisto, la tecnología no es ni buena ni mala per sé. Es solo una herramienta, y como tal hay que enseñar a que las personas la utilicen de forma gradual, de menos a más. Cuando pasamos de 0 a 100 sin control es cuando realmente llegan los problemas como por ejemplo cuando se le regala a un niño un móvil en sus primera comunión después de haberlo estado pidiendo insistentemente meses anteriores y a partir de ese momento nos despreocupamos de él.

5. Los filtros parentales de poco sirven

Muchos padres se preguntan si los filtros de control parental son útiles. La respuesta suele ir siempre en el mismo sentido: son como un cinturón de seguridad; ponerlo es importante pero ello no implica que quien se lo pone sepa conducir un automóvil. No debemos olvidar que estos filtros constituyen una fórmula de mediación pasiva, que no asegura que nuestros hijos estén exentos de riesgos cuando navegan por internet o usan tecnología y, en ningún caso, deben sustituir a la mediación activa recomendada anteriormente.

6. Sentido común, experiencia de vida y educación en valores

Cualquier chaval sabe perfectamente compartir una story en Instagram, marcarse un emote en el Fortnite o hacer un streaming en Twitch, (términos que en muchos casos pueden sonar a chino a un adulto) pero de ahí a que ese menor sepa distinguir los diferentes riesgos que hay en la red (como el grooming o el dropshipping ), que tenga unas mínimas competencias digitales como saber qué es el campo CCO de un email o exportar un documento a pdf, o que sepa comportarse y comunicarse adecuadamente con los demás en entornos digitales, hay un mundo.

Precisamente la experiencia de vida, sentido común y pensamiento autocrítico que tenemos los adultos son los mejores activos que podemos y debemos transmitir a nuestros menores cuando comienzan a interactuar con la tecnología. Extender al mundo digital la educación en valores que ya realizamos en el mundo analógico es una de las claves cuando hablamos de familia y tecnología: se educado y respetuoso con los demás, no insultes a otras personas, no hables con desconocidos o le abras la puerta a alguien que no sabes quien es, nadie te da duros a cuatro pesetas, contrasta la información que recibas…. son algunas de las tradicionales enseñanzas de padre/madre que son también perfectamente aplicables al mundo digital.

7. La importancia de dar ejemplo

La educación en valores también incluye dar ejemplo a nuestros pupilos. En este sentido debemos ser autocríticos: padres que prohiben el móvil en la mesa a sus hijos pero que luego son los primeros en utilizarlos; padres que lo usan mientras conducen con el consiguiente riesgo para la vida; en el peor de los casos, tristes sucesos como el del reciente suicidio de una trabajadora tras el reenvío masivo de vídeos de contenido sexual entre sus propios compañeros (adultos). Todas estas situaciones no hacen sino transmitir un malísimo ejemplo para los menores.

8. Hay tiempo para todo

Al igual que no dejarías que tu hija o hijo pasase todo el día leyendo cómics, viendo la televisión o jugando al parchís, ocurre lo mismo con el ordenador, el móvil o la vídeoconsola. Como padres, es importante que organicemos de forma lógica, equilibrada y razonable su jornada. Por ello, es muy buena idea llegar a acuerdos que incluyan límites en el tiempo de uso de este tipo de dispositivos.

Paralelamente es muy importante que los niños practiquen actividades deportivas o al aire libre, así como otro tipo de propuestas que fomenten su creatividad e imaginación. Estamos perdiendo la buena costumbre de que un niño se aburra y muchos padres recurren a la salida cómoda del móvil o la vídeoconsola para mantenerlos callados. Craso error.

9. Perder el miedo y pasar a la acción

Uno de los principales argumentos que suelo encontrar en muchas charlas con padres es: «a mi esto de la tecnología ya me pilla tarde» o «mis hijos saben mil veces más que yo». De nuevo estamos ante una actitud derrotista y cómoda.

No temas no saber. Tienes todo el tiempo del mundo por delante. Ellos también hubo un momento en el que aprendieron y además debes pensar en algo: si tu hija o hijo pasa varias horas al día en un edificio de tu ciudad… ¿no crees que merecería la pena entrar a ese edificio para saber qué hay, quién se mueve por allí y de qué se habla? Con esto ocurre lo mismo. Identifica las redes y plataformas en las que se mueven tus hijos y trata de descubrirlas poco a poco. Aprender con ellos muchas veces es la mejor manera de hacerlo. También puedes formarte o acudir a multitud de guías o tutoriales que existen en la red.

Conocer el ecosistema digital en el que se pasan tanto tiempo te ayudará a entender mejor sus reacciones, necesidades y emociones. No solo eso, comienza a hablar de forma cotidiana con ellos sobre su vida digital con la misma naturalidad y cercanía con la que hablas de su vida analógica y te sorprenderás positivamente. ¿Qué has hecho hoy en el cole? ¿Con quién te has sentado en el autobús de la excursión? ¿Has visto algo interesante esta tarde Instagram? ¿Has visto que Altozano ha sacado nuevo vídeo?

10. Cuanto antes pasen de consumidores a creadores, mejor.

La tecnología debe servir para hacer que las personas seamos más libres y más felices. Eso incluye que redunde en el bienestar personal y profesional de tus hijos. Los niños sin supervisión en el uso de la tecnología, la utilizan simplemente para unos pocos usos, normalmente relacionados con el ocio y el entretenimiento (redes sociales o videojuegos).

Es por ello fundamental que los padres estimulemos aspectos como la curiosidad, el interés, el razonamiento, la deducción o la inteligencia. Debemos explicar al menor usos creativos y prácticos de la tecnología más allá de los que habitualmente realiza. Por ejemplo, realizando búsquedas en Google Maps; usando un traductor, creando un blog, grabando un podcast, buscando música en Spotify, programando su primer robot o tocando algún instrumento online.

Encontrar e identificar en la red usuarios referentes en las temáticas de interés del menor (música, ciencia, robótica, deportes…) así como promocionar su actividad digital entre el entorno más cercano (familias y amigos) son usos positivos recomendados.

El cambio fundamental llegará cuando hayamos sido capaces de acompañarles y motivarles en este proceso para que se sirvan de los medios digitales para desarrollar sus gustos, intereses o talento dejando de ser consumidores de contenidos y pasando a ser creadores de contenidos. Esta será la base de su verdadera identidad digital que les acompañará durante toda su vida proporcionándole una ventaja.

En resumen, la tecnología no es el demonio que vuelve locos a los niños, ni una moda pasajera, ni un lugar complejo y abstracto para los adultos. Está aquí para quedarse y forma parte de la realidad personal y profesional que van a vivir los seres humanos de aquí en adelante. Preparar a nuestros hijos para ese entorno es simplemente una cuestión de responsabilidad. En nuestras manos queda.

‘Formados e Profesionais’: cocina, servicios y restauración de alto nivel en el IES Sanxillao de Lugo

Por motivos familiares siempre he mantenido una especial relación con el mundo de la hostelería y la restauración. Mi padre, ahora ya jubilado, dedicó toda su vida a este sector, regentando primero un negocio propio y desarrollando después una prolífica carrera profesional en el Parador de Jaén. Mi hermano Manuel sigue ahora sus pasos y desde hace aproximadamente diez años trabaja también entre cartas y fogones.

Quizá por eso valoro especialmente a las personas que deciden destinar su futuro profesional a este ámbito y, con esta premisa, asistí el jueves pasado a la jornada «Formados e Profesionais» que tuvo lugar en el IES San Xillao de Lugo.

La educación del futuro

El desaparecido Steve Jobs insistía en que gracias a sus productos el mundo pasaría a ser un lugar mejor. Nadie a día de hoy lo niega.

Gran parte de sus invenciones contribuyeron a cambiar nuestra vida tal y como la conocíamos hasta entonces. Con el Mac revolucionó el mundo de la informática; con el iPod y iTunes, la industria músical; con el iPhone y las apps, la telefonía y las comunicaciones móviles; con el iPad la industria editorial… Es una pena que nos abandonara tan pronto. El cáncer que arrastraba desde hacía años no dio más tregua y se lo llevó el pasado mes de octubre.

Pero el propio Jobs se encargo de que sus ideas y legado no se olvidaran durante mucho tiempo, sobre todo porque en su mente aún tenía previsto «atacar» a otros sectores e industrias. Entre ellos, la educación, de la que Jobs pensaba que había quedado obsoleta y anclada en un modelo totalmente desfasado. Para este ámbito Jobs también tenía preparada una pequeña revolución que ha empezado a «cocinarse», como siempre, en las tradicionales presentaciones que Apple realiza periódicamente ante seguidores y medios de comunicación.

En esta ocasión la semana pasada dieron a conocer su nueva herramienta, iBooks 2, que permitirá convertir al iPad en un instrumento educativo más en las escuelas de todo el mundo y facilitar a cualquier editor publicar sus libros en la AppStore a través de iBooks Author. Vean el vídeo más arriba para entenderlo perfectamente.

Así serán los nuevos libros del siglo XXI: con imágenes, vídeos, gráficos o 3D. La interactividad se convierte en su elemento principal, permitiendo mayor facilidad para subrayar, memorizar textos gracias a las nuevas tarjetas de estudio, colocar post-it virtuales, buscar definiciones sin abandonar la página que se está leyendo o estudiar con imágenes en tres dimensiones. Casi ná.

Por su parte cualquier persona puede crear un libro digital con un sencillo software de edición (iBooks Author, que ya puede descargarse gratuitamente desde la tienda Mac App Store) y publicarlo para que sea descargado en todo el mundo. ¿Imagináis lo que significa esto para la cultura?

¿Lo próximo a revolucionar?… ¿¿La televisión??

Bebé usando un iPad y después una revista

Al ritmo que va la evolución tecnológica algún día tendría que ocurrir. En el vídeo podéis ver a una pequeña de tan sólo un año de edad que no comprende por qué la revista que le dan no es interactiva como un iPad y por tanto le parece aburrida, poco usable…

No es que el iPad sea el mejor cacharro del mundo, aún saldrán dispositivos mucho mejor adaptados pero lo interesante es que ha abierto un camino muy valioso en el terreno educativo, consiguiendo que los más pequeños relacionen formas, gráficos y movimientos en un momento en el que son auténticas esponjas.

Educación: antes y ahora

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Real como la vida misma.

Vía | Dando por culo

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