Antes de dar lugar a cualquier tipo de malinterpretación acerca del título de este artículo, debo aclarar que no está escrito en clave política, sino tecnológica. Dicho de otra forma: al hablar de populismos, no pretendo cuestionar la ideología o estrategia electoral desarrollada por algún partido o líder concreto, sino la postura que muchos de ellos están adoptando frente a un fenómeno global.

De hecho, mi principal interés se centra en denunciar la incultura e incompetencia digital que por desgracia sigue demostrando gran parte de la clase política, cuando de forma sistemática ignora la revolución que estamos viviendo y pretende seguir anquilosada a un ecosistema de comunicación e información que está más muerto que vivo.

Un cuarto poder con el que hasta hace pocos años esta viaja guardia no solo se entendía a la perfección, sino sobre el que era capaz de influir para difundir (u omitir, según conveniese) sus mensajes, obras y milagros e incluso atacar también a la oposición, y todo ello sin que los ciudadanos pudiéramos hacer mucho más que ver, oír y callar.

Pero afortunadamente las cosas han cambiado. La llegada de Internet y la web social ha roto por completo los esquemas y flujos tradicionales de información convirtiendo este ecosistema en algo mucho más transparente y democrático, y sobre todo, permitiendo que los ciudadanos nos sintamos protagonistas de los cambios sociales que se producen.

En este nuevo escenario, la esfera política se divide claramente en dos grupos: